Tras el caos y el pánico vivido este miércoles en Merlo, el escenario en el barrio es desolador. Lo que antes eran hogares hoy son estructuras debilitadas por la onda expansiva, con techos volados y paredes agrietadas.
La imagen se repite en cada cuadra: garrafas apiladas y distribuidas por todos lados, restos que recuerdan la desesperación que se vivió este miércoles en las primeras horas de la mañana.
Para los vecinos, el día después no trajo alivio, sino la dura tarea de intentar reconstruir sus vidas. Muchos se encuentran en una situación de vulnerabilidad total. Mientras algunas familias decidieron abandonar la zona por el peligro de derrumbe, otros se quedaron a dormir a la intemperie, con frío, protegiendo lo poco que no fue alcanzado por el fuego o las explosiones.
El testimonio de quienes viven en las inmediaciones del depósito de la calle Suipacha coincide en la magnitud del evento. “Es impresionante cómo está todo desparramado. Uno lo veía chiquito, hemos visto explosiones de una garrafa antes, pero lo de ayer fue una bomba. Me imaginé cualquier cosa".
La mujer pasó la noche en el patio de su casa junto a su hermano y su hija, vigilando sus pertenencias. La inseguridad es el otro gran temor que acecha a la zona afectada: “Pasamos la noche acá cuidando lo que queda. Lamentablemente, con la inseguridad que hay no se puede dejar la casa sola. Uno resguarda lo poco que nos queda”.
Incluso en el momento de mayor desesperación, la delincuencia no dio tregua. La misma vecina denunció un hecho indignante ocurrido mientras las garrafas aún explotaban: “A mi mamá le robaron la bicicleta en ese momento”.
“Ella trabaja acá cerca, vino corriendo a vernos y estaba en estado de shock al ver la explosión. En ese descuido, vino uno y le robó la bicicleta. No respetan nada”, lamentó con impotencia.


